
Annabel asintió y la invadió una sensación desconocida: quizás era gratitud, aunque seguro que era amor. Apenas acababa de conocer a su prima, pero ya habían establecido un vínculo de afecto, y sabía que Louisa haría todo lo que estuviera en su mano para evitar que ella terminara en un matrimonio infeliz.
Por desgracia, la influencia de Louisa no era demasiado grande. Además, no entendía… No, no podía entender la presión que significaba ser la hija mayor de una familia empobrecida.
– Escúchame -imploró Louisa-. El hijo de lord Newbury murió hace poco más de un año. Y antes de que el cuerpo de su hijo estuviera frío, Lord Newbury empezó a buscar esposa.
– ¿Y no debería haberla encontrado ya?
Louisa meneó la cabeza.
– Estuvo a punto de casarse con Mariel Willingham.
– ¿Quién? -Annabel parpadeó, intentando ubicar el nombre.
– Exacto. Nunca has oído hablar de ella. Murió.
Annabel notó cómo arqueaba las cejas. Realmente, era una manera muy fría de anunciar algo tan trágico.
– Dos días antes de la boda. Se resfrió.
– ¿Y murió en dos días? -preguntó Annabel. Era una pregunta morbosa, pero es que tenía que saberlo.
– No. Lord Newbury insistió en retrasar la ceremonia. Dijo que era por la salud de ella, que estaba demasiado enferma para presentarse en la iglesia, pero todos sabían que sólo quería asegurarse de que estuviera suficientemente sana como para darle un hijo.
– ¿Y entonces?
– Bueno, y entonces la chica murió. Resistió dos semanas. Fue realmente triste. Siempre fue muy amable conmigo. -Louisa meneó la cabeza y luego continuó-: Fue una pérdida para lord Newbury, aunque no demasiado cercana. Si se hubieran casado antes de que ella muriera, habría tenido que guardarle luto. En realidad, ya había intentado casarse escandalosamente pronto después de la muerte del hijo. Si la señorita Willingham no hubiera muerto antes de la boda, habría tenido que dejar pasar un año de luto.
