
Muy interesante.
Sin embargo, tenía la sensación de que el autor no había entendido los detalles. Le gustaba una aventura como a cualquiera, pero incluso a él le costaba creer que la valiente heroína inglesa hubiera logrado escaparse colgando una serpiente de la ventana y deslizándose hacia la salvación.
Y para mayor ofensa, el autor ni siquiera había descrito qué tipo de serpiente había utilizado la chica.
De veras, él lo haría mejor.
Si escribiera un libro, lo ubicaría en Inglaterra. Y no habría serpientes.
Y el héroe no sería un dandi granuja, preocupado únicamente por el corte del chaleco. Si escribiera un libro, el héroe sería realmente heroico.
Pero con un pasado misterioso. Para mantener el interés.
También tendría que haber una heroína. Le gustaban las mujeres. ¿Cómo la llamaría? Algo normal. Quizá Joan. No, sonaba demasiado temible. ¿Mary? ¿Anne?
Sí, Anne. Le gustaba Anne. Tenía un sonido firme muy bonito. Pero nadie la llamaría Anne. Si escribiera un libro, la heroína estaría perdida; no tendría familia. Nadie la llamaría por su nombre de pila. Necesitaba un buen apodo. Algo fácil de pronunciar. Algo agradable.
Sainsbury.
Hizo una pausa y lo pronunció mentalmente. Sainsbury. Por algún motivo, le recordaba al queso.
Estaba bien. Le gustaba el queso.
Anne Sainsbury. Era un buen nombre. Anne Sainsbury. La señorita Sainsbury. La señorita Sainsbury y…
¿Y qué?
¿Y el héroe? ¿Debería tener un título? Sebastian sabía lo suficiente de la nobleza para dibujar un retrato bastante exacto de un noble indolente.
Sin embargo, eso era aburrido. Si escribiera un libro, tendría que ser una historia excepcional.
Podría hacer que fuera militar. De eso también sabía. ¿Un mayor, quizá? ¿La señorita Sainsbury y el misterioso mayor?
Cielo santo, no. Demasiada aliteración. Incluso a él le parecía demasiado rebuscado.
