
Lámina 6. La voladora vibración

La voladora vibración
Es un postulado admitido de antiguo por los ocultistas, el que reza que todo es vibración, y cada día la ciencia profana se pronuncia más decisivamente en el mismo sentido. Todo -esto es, todo lo que aparece como cosa- en el fondo no es sino un estado vibratorio que afecta en algún modo nuestros sentidos, ya sea directamente, ya por mediación de instrumentos que son, en suma, meros auxiliares de aquellos. Ahora bien, siendo evidente que los sentidos externos no son más que aparatos receptores de vibraciones, se puede afirmar que en el mundo -por lo menos en el mundo de nuestro conocimiento- todo es vibración. Cuando inventamos instrumentos o métodos que aumentan el alcance de los sentidos y perfeccionan o corrigen sus impresiones, llegamos a veces a hacernos capaces de constatar ciertos estados vibratorios que están fuera de las percepciones ordinarias; venimos a tener noticia de otras vibraciones que no conocíamos; pero, de todos modos, nuestro conocimiento del mundo, no va más allá de la vibración, como si ésta fuera una esencia simple e indescomponible; como si fuera el mismo ingrediente primario de todas las cosas.
Sin embargo; el razonamiento nos enseña que el mundo de nuestro conocimiento es solamente el conjunto de aquellos aspectos del mundo real, cuyas vibraciones vienen a quedar a nuestro alcance de uno u otro modo, pero el mundo real es infinitamente más vasto, y aún cuando conociéramos “todos” los aspectos podría aún escapársenos la esencia simple, ni puede contenerlo todo en sí misma.
Implica la existencia de algo capaz de vibrar: el elemento sustancial; algo que hace vibrar, el elemento dinámico o esencial, y por último, la resultante del influjo mutuo: la vibración. Además hace falta todavía apreciar las condiciones determinantes que limiten el modo de influirse, las proporciones de estos elementos y la oportunidad de sus manifestaciones en el tiempo y el espacio.
