En ángulo de sesenta grados (el de la cristalización del agua, que como sabemos representa la Madre Universal) la flor de loto, emblema de la compasión búddhica, se cruza con la caña de siete nudos (que a su vez simboliza la iniciación secreta), formando la letra X, símbolo de la revelación o sea de la enseñanza que se hace exotérica. Hay dos clases de exoterismo: el de aquello que es vulgar de suyo por su naturaleza inferior, y el de aquello que siendo de elevada naturaleza y esotérico en su esencia, viene a hacerse exotérico y comprensible para muchos, mediante el piadoso esfuerzo del que ha discurrido una forma clara para expresarlo.

Todo Maestro, no es más que una especie de transformador en el que lo esotérico se hace exóterico; claro está que relativamente.

La Compasión hará divulgar la enseñanza septenaria, antes exclusivamente reservada al Yogui Oriental.

Esta es la significación de la lámina VIII.

Lámina 9. El Santuario Interior


El Santuario Interior


En nuestro precedente artículo indicábamos una distinción entre el esoterismo de lo que es vulgar de suyo y el de aquello que elevado en sí y originario de fuentes iniciáticas primitivamente, resulta EXOTÉRICO mediante el esfuerzo de los Maestros por explicarlo o inspirarlo y el de los discípulos por comprenderlo y divulgarlo, tratándose de principios que infiltrados en el ambiente ideológico de una época, dan un impulso al perfeccionamiento humano.

Estos principios, orientando a los que son capaces de interpretarlos con profundidad, se convierten en claves preciosas para descifrar los misterios del oculto saber. Mientras una gran mayoría se limita a considerarlos como simples conocimientos que añadir a su bagaje intelectual y otros tratan de traducirlos en normas de conducta, algunos más sagaces no se conforman con eso y, aquello de la “Philosophia Sagax” que decía Paracelso, procuran desentrañar el fondo esotérico de las revelaciones.



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