El diseño de la página anterior es la clave interpretativa de las láminas IV y V. Con él es fácil descubrir en el pantaclo de la lámina IV los trazos de los siete signos planetarios unidos en un solo jeroglífico, el cual tiene por fondo, el aire, símbolo de Urano, y las aguas, símbolo de Neptuno, donde se ve que si estos planetas no han sido tomados en cuenta por los astrólogos antiguos es porque expresan las condiciones esenciales de Espacio y Sustancia, y no las condiciones determinantes, las cualidades y en cierto modo los ingredientes de la manifestación cósmica, como los demás planetas.


En la alegoría de que tratamos, la tierra está marcada con trazos negros para significar que ella es el cuerpo “físico” (la Sombra, la Maya) de todo el sistema. No está comprendida en el septenario, porque éste expresa siete condiciones o cualidades esenciales y la tierra no es una cualidad sino el centro de manifestación de las cualidades.

El Sol es su vida y su esencia. Por eso la alegoría lo sitúa superpuesto y compenetrado con ella.


Las siete cualidades esenciales son:


SOL – Vida


MERCURIO – Conciencia.


VENUS – Amor, cohesión, esencialidad interna de la sustancia primordial.


MARTE – Impulso ciego, movimiento.


JÚPITER – Actividad consciente, orden, autoridad.


SATURNO – Ley cíclica, periodicidad, retribución, fatalidad.


LUNA – Imaginación de las formas.


Saturno y Júpiter, su hijo, según la Mitología, tienen en común su rasgo principal: el uno va comenzando donde el otro va acabando. La ley fatal -y la actividad consciente,

aún cuando parezcan dos cosas contrarias, son en realidad dos aspectos complementarios de una misma cosa.


El signo de Venus nos es presentado como opuesto al de la Tierra. Al contrario de

la T la + tiene un significado sexual y es el símbolo de la generación dígena. Esta



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