
Como único hijo de una poderosa familia ducal y, por tanto, acostumbrado a servir en el campo de batalla, cuando, a la tierna edad de veintidós años, se le había propuesto crear una red de espías ingleses en tierra extranjera, había saltado presto ante la oportunidad. Esto no solo le había ofrecido la ocasión de contribuir a la derrota de Napoleón, sino que, con los extensos contactos personales y familiares combinados con su habilidad inherente para inspirar y estar al mando, el puesto fue pan comido; desde el principio encajó en él como un guante.
Pero para su padre, aquel puesto había sido una deshonra para el apellido y el título, una mancha en el escudo familiar; su visión pasada de moda había etiquetado el espionaje como algo sin duda deshonroso, incluso aunque estuvieran espiando a enemigos militares activos. Aquel era un punto de vista que, en ese momento, compartían muchos de sus iguales de mayor edad.
Por si fuera poco, cuando Royce se negó a declinar el encargo, su padre le organizó una emboscada. Una pública, en White's, en un momento de la noche en el que el club estaba siempre abarrotado. Junto a sus compinches, su padre había sometido a Royce a un juicio público, en términos estridentes y vilipendiosos.
Como perorata, su padre había declarado triunfalmente que, si Royce se negaba a ceder ante su decreto, y en su lugar servía en el puesto para el que lo habían reclutado, entonces sería como si él, el nove duque, no tuviera ningún hijo.
Incluso en la furia ciega que el ataque de su padre le había provocado, Royce había sido consciente del "como si". Él era el único hijo legítimo de su padre; sin importar lo furioso que estuviera, su padre no lo desheredaría formalmente. La prohibición, sin embargo, lo desterraría de las tierras familiares.
Enfrentado a su enfurecido padre sobre la alfombra escarlata del exclusivo club, rodeado por un ejército de embelesada aristocracia, había esperado, sin responder, hasta que su padre hubo terminado su bien ensayado discurso. Esperó hasta que el expectante silencio que los rodeaba se hizo espeso, y entonces pronunció dos palabras: Como desees.
