– No, por supuesto que no.

– De todos modos aquí tiene mi pasaporte, en él está escrita mi profesión.

Infante inmovilizó con la mano el gesto de mostrarle el pasaporte. Luego se restregó varias veces la servilleta sobre los labios.

– ¿Tomará algún postre, doctor?

– Estoy esperando su contestación a lo que le propongo.

– Necesito madurar la idea.

– Mañana por la tarde debo regresar a París.

– Venga a desayunar a mi casa. Sobre las once es buena hora. Aquí tiene la dirección.

Nourissier se tumbó vestido sobre la cama al regresar a su hotel. De pronto, se sentía enormemente cansado. Hasta aquel momento, la excitación del viaje y la curiosidad de encontrarse con el periodista habían mantenido su cuerpo en tensión. Sin embargo, una vez en su habitación, notaba cómo los músculos se le iban a aflojando poco a poco. Le dolían las piernas, la nuca. Hizo un esfuerzo por levantarse, debía ir al aseo, ponerse el pijama. Necesitaba dormir. Había puesto en práctica la primera parte de su plan, ya no había nada que estuviera en su mano, ahora sólo cabía esperar la decisión del español. Extraño individuo, pensó; a pesar de haberse mostrado abordable, de haber acudido a la cena indicando así su interés, no estaba seguro de que fuera a aceptar el trato propuesto. Carlos Infante le desconcertaba. No había sido capaz de averiguar cuál era su flanco débil, aquel por el que sería posible entrar y mover su voluntad hasta dejarse convencer. ¿A qué razones atendería, ideológicas, científicas, o sólo el dinero haría palanca sobre su decisión? No se había significado en ningún aspecto, no parecía tener inquietudes o creencias, era como una rama joven en un árbol: susceptible de ser zarandeada por el viento, pero ¡manteniéndose siempre en el mismo lugar. La aventara no parecía ser tampoco una meta para él. Quizá había conjeturado mal, quizá se había dejado llevar por la leyenda del español valiente y gallardo, del quijote pronto a enrolarse en causas utópicas, en empresas fuera de lo común. Pero era inútil darle más vueltas, la suerte estaba echada, el día siguiente traería consigo la solución.



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