
– Estoy de acuerdo en todo. Hablemos de sus honorarios.
– Para empezar le diré que le he hecho venir a mi casa a propósito. Quería que viera que no vivo en el lujo y que mi necesidad de dinero es real. Una vez dicho esto, le informo de que mis honorarios consistirán en ciento cincuenta mil pesetas. Me entregará cincuenta mil al comienzo del viaje, cincuenta mil al final y las otras cincuenta mil se harán efectivas sólo si logramos encontrar a La Pastora. Espero que le carezca justo.
Nourissier abrió mucho los ojos, se pasó la mano por la cara, titubeó.
– Eso es mucho dinero, usted lo sabe bien. Quizá una cifra excesiva a mi modo de ver.
– También es excesivo el proyecto que me propone. Son tres meses en los que no podré trabajar en lo mío, tres meses en los que me retiro de la circulación, con lo cual los periódicos se van olvidando de mí. Todo eso contando con que se tratara de un empleo normal, pero éste no lo es, doctor, éste es un tema al que debe añadirse la etiqueta de especialmente peligroso.
– No le estoy pidiendo que nos internemos en un continente desconocido como conquistadores. Hablamos de alojarnos en pueblos civilizados, de hablar con gente normal…
– España no es en estos momentos un país normal sino una dictadura bastante sangrienta, ¿es necesario que se lo recuerde? Toda la zona rural está bajo el mando de la Guardia Civil. ¿Quiere que le explique los métodos que suele emplear la Guardia Civil?
– Sé con qué reputación cuenta la Guardia Civil.
– Ganada a pulso, se lo aseguro. Pero no es sólo eso; las zonas de Els Ports y el Maestrazgo por donde tendremos que movernos son duras, inhóspitas, atrasadas, peligrosas en sí mismas. La gente es desconfiada por naturaleza y está escamada tras los últimos años.
