
Mi señora, por aquel tiempo, ya no paró en casa: el santo día lo empleaba en la escuela, sin resolverse por ningún animalito. Una falta de resolución que, según comentó una tarde el propio Standle, da qué pensar. Yo la esperaba con impaciencia y discurría despropósitos: que le había pasado algo, que no iba a volver. Días hubo que cenamos tarde, porque mi señora no regresaba y otros que Ceferina y yo, después de cenar, para distraer el tiempo, jugábamos a la escoba, cuando no a la brisca. Los rumores de la noche eran motivo suficiente para que yo, a cada rato, me asomara al jardín. A su estirada cara de furia y menosprecio, ya de lo más común, Ceferina agregaba entonces palabras masculladas por lo bajo, que se oían perfectamente.
– El niño está con cuidado. Su mujercita no vuelve. Todavía la va a perder.
La intención general y el tono eran siempre los mismos. A veces yo no aguantaba y con una voz que aparentaba indiferencia le decía:
– Me voy a dar una vuelta.
Si usted piensa que no tengo edad de pedir permiso, está en su derecho. Es muy fácil arreglar de palabra la conducta del prójimo, pero cada cual lleva la propia como puede. ¿Qué me aconseja? ¿Que la eche a Ceferina? Guardando las distancias, yo haría de cuenta que echo a la finada mi madre. ¿Que le pegue un grito? A mí no me gusta pasar la vida gritando. Ceferina, con la cara de rabia y con los ojos relucientes, bien a las claras deja ver su desaprobación. Para mí esa desaprobación, no sé cómo explicarme, es una cosa real, algo que está en mi camino, como la punta de una mesa. No me pida que todas las veces que paso la lleve por delante, porque yo prefiero vivir tranquilo y dar un rodeo. Lo de vivir tranquilo es una manera de hablar.
Como le contaba: si me entraba la desazón, con el pretexto de tomar aire, salía a la calle, elegía el lugar menos iluminado, me recostaba contra el cerco y esperaba. Esperaba con inquietud en el alma, porque Diana tardaba más de lo previsible, pero también porque siempre aparecían los vecinos, que viven para sorprenderlo a uno y repartir el comentario por el pasaje.
