
– Muy ajetreada, como de costumbre. – India tomó varias fotografías; una excelente de Sam y otras cuando el equipo rival marcó un gol -. Dentro de unas semanas, en cuanto acaben las clases, nos vamos a Cape Cod. Este año Doug no hace vacaciones hasta agosto.
Habitualmente Doug intentaba veranear antes.
– En julio viajamos a Europa – dijo Gail sin entusiasmo.
India la envidió fugazmente. Hacía años que intentaba convencer a Doug de que visitasen Europa, pero su marido prefería esperar a que los niños fueran mayores. India siempre le recordaba que, si esperaba demasiado, los hijos volarían del nido, asistirían a la universidad e irían a Europa por su cuenta. De momento no lo había convencido. A diferencia de India, a Doug no le interesaba viajar pues su época aventurera estaba más que cumplida.
– Suena muy prometedor – aseguró India y se volvió para mirar a su amiga.
Las mujeres formaban un contraste interesante. Gail era menuda y apasionada; tenía el pelo oscuro y corto y sus ojos castaños eran sumamente vivaces. India era alta, delgada, de facciones clásicas, ojos azules y larga coleta rubia que le colgaba a la espalda. Siempre decía que llevaba el pelo recogido porque no tenía tiempo de peinarse. Al caminar, ninguna aparentaba los cuarenta y tantos años que tenían.
– ¿Qué lugares visitaréis? – preguntó India.
– Italia y Francia. También pasaremos un par de días en Londres. No es precisamente una gran aventura ni un viaje de riesgo, pero con los niños es mejor así. Jeff quiere asistir al teatro en Londres. Hemos alquilado una casa en la Provenza, donde pasaremos dos semanas en julio. Iremos en coche a Italia y llevaremos a los niños a Venecia. – A India le pareció un viaje fantástico que nada tenía que ver con su tranquilo veraneo en Cape Cod -. Estaremos fuera seis semanas. No estoy segura de que Jeff y yo nos soportemos tanto tiempo, por no hablar de los chicos. Jeff pierde los estribos cuando pasa más de diez minutos con los gemelos.
