
Gail siempre decía que su amiga tenía un enorme talento y que era lamentable que lo desperdiciase. India indefectiblemente respondía que, si le apetecía, en el futuro volvería a trabajar. De momento no tenía tiempo ni ganas de cubrir más que una noticia ocasional. Los niños requerían muchas horas y no deseaba cambiar su relación con Doug.
– Ya. Pero si vuelvo a trabajar tú aprovecharás para ir a comer con Doug. ¿Crees que soy tan tonta?
Rieron. Gail meneó la cabeza y se le encendió la mirada.
– Te aseguro que no tienes de qué preocuparte. Doug es el único hombre que conozco que resulta incluso más aburrido que mi marido.
– Gracias por el cumplido – apostilló India sin abandonar su sonrisa.
A decir verdad, Doug no era estimulante, ni siquiera animado, pero ella lo consideraba un buen marido y padre y con eso le bastaba. Era un hombre íntegro, correcto, fiel y hacendoso. Por añadidura, India lo quería aunque, según Gail, fuera muy aburrido. No compartía la debilidad de su amiga por las intrigas y los romances ilícitos. Hacía años que había renunciado a esas cosas.
En ese momento acabó el partido y, en cuestión de segundos, Sam y los gemelos de Gail se acercaron ruidosamente.
– ¡Qué gran partido! – exclamó India y sonrió a Sam.
Hasta cierto punto, se alegraba del fin de aquella conversación. Gail lograba que se sintiese obligada a defenderse a sí misma y su matrimonio.
– ¡Mamá, hemos perdido!
El niño la miró contrariado y la abrazó con todas sus fuerzas al tiempo que apartaba la cámara que su madre llevaba colgada del hombro
– ¿Te has divertido? – preguntó India y le besó la coronilla.
Sam aún desprendía ese maravilloso olor a niño pequeño que es una mezcla de aire fresco, jabón y sol.
– Sí, lo he pasado bien. Marqué dos goles.
– Entonces fue un buen partido. – Echaron a andar hacia los coches con Gail y los gemelos. Los niños querían tomar un helado y Sam deseaba acompañarlos -. No podemos. Tenemos que recoger a Aimee y Jason.
