Jason era un chico bueno, aplicado y tierno. Se esforzaba en el instituto, sacaba buenas notas, tenía un buen rendimiento deportivo, se parecía mucho a Doug y nunca les había dado dolores de cabeza. El año anterior había descubierto que en el mundo vivían chicas pero, de momento, su incursión más osada se limitaba a una sucesión de tímidas llamadas telefónicas. Era más fácil tratar con Jason que con Jessica, su hermana de catorce años, de quien India decía que se convertiría en abogada laboralista. Jessica era la portavoz de la familia en nombre de los oprimidos y casi nunca eludía los encontronazos con su madre. A decir verdad, le encantaba discutir con India.

– ¡Fuera de aquí! – exclamó India, echándolos de la cocina.

Luego abrió la nevera y frunció el entrecejo.

Esa semana habían comido dos veces hamburguesas y una pastel de carne. Tuvo que reconocer que le faltaba inspiración. A esas alturas del curso escolar le resultaba imposible pensar en cenas creativas. Sacó dos pollos congelados, los metió en el microondas, extrajo doce panochas y se dispuso a limpiarlas.

Se sentó a la mesa de la cocina, pensó en lo que Gail había dicho por la tarde, lo analizó e intentó discernir si se arrepentía de haber abandonado su profesión. A pesar de los años transcurridos seguía teniendo la certeza de que había tomado la decisión correcta De todas maneras, no venía a cuento pues le habría resultado imposible viajar por el mundo como reportera gráfica e incluso cubrir demasiadas noticias locales mientras se ocupaba como debía de sus hijos. Lo había hecho por ellos. Si por ese motivo Gail la consideraba aburrida, peor para ella. Doug no opinaba lo mismo. Sonrió al pensar en su marido, colocó las panochas en una olla con agua y encendió el hornillo. Sacó los pollos del microondas, los untó con mantequilla y especias y los introdujo en el horno. Solo le faltaba hervir el arroz y preparar la ensalada para que la cena estuviese lista como por arte de magia. Con los años su estilo había mejorado. No era cocina de primera, sino platos rápidos, sencillos y sanos. Hacía tantas cosas que no le quedaba tiempo de preparar comidas elaboradas. Tenían suerte de que no los llevase a comer al McDonald's.



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