
– Me encantaría – respondió sonriente.
Al cabo de pocos segundos se desencadenó el caos en la cocina. Lo cierto es que les encantaba compartir la cena. Los chicos hablaron de lo que habían hecho, de sus amigos y sus actividades y se quejaron de los profesores y de la cantidad de tareas que les habían asignado. Aimee explicó que esa tarde un chico nuevo había telefoneado tres veces a Jessica y de que tenía voz de adulto, tal vez de universitario. Jessica la fundió con la mirada. Jason los hizo reír durante casi toda la cena. Era el payaso de la familia y le sacaba punta prácticamente a todo. Aimee la ayudó a recoger la mesa y Sam se fue temprano a la cama porque el partido de fútbol lo había agotado. Cuando se reunió con su marido en el dormitorio, India vio que Doug leía informes del despacho.
– Por lo visto esta noche los salvajes te han dado más trabajo que de costumbre – comentó, y abandonó la lectura.
Su marido poseía un fondo formal y serio que desde el principio le había gustado. Era un hombre alto, delgado, desgarbado, de aspecto deportivo y cara de niño. A los cuarenta y cinco años seguía siendo muy guapo y parecía un futbolista universitario. Tenía pelo oscuro y ojos castaños; vestía trajes grises para trabajar y los fines de semana se ponía pantalones de pana y jerséis de lana. India siempre lo había considerado muy atractivo, por mucho que Gail pensase que era aburrido. En muchos aspectos era el marido ideal, un hombre sólido, de confianza, infalible y muy razonable en sus exigencias.
India tomó asiento frente a su esposo, en un sillón cómodo y confortable, recogió las piernas y por unos instantes intentó recordar al muchacho que había conocido en el Cuerpo de Paz. No era tan diferente al hombre sentado frente a ella, aunque por aquel entonces sus ojos habían dejado escapar un brillo travieso que había encantado a aquella joven que soñaba con el triunfo y la gloria. Doug ya no era travieso, sino un hombre honesto en el que podía confiar. Aunque lo había querido muchísimo, India no buscó un esposo como su padre, que nunca estuvo cuando lo necesitaron y que arriesgó y perdió la vida en pos de quimeras desaforadas y románticas. La guerra lo había subyugado. En cambio, Doug era un hombre sensato y a India le agradaba saber que contaba con él.
