Sólo respiraba en verano, cuando iban a Cape Cod. Doug permanecía tres semanas con ellos en la playa y el resto del tiempo se trasladaba los fines de semana. La familia al completo adoraba las vacaciones en Cape Cod. Cada año India realizaba magníficas fotografías y disponía de un poco de tiempo para sí misma. Al igual que en Westport, en la casa de la playa había adecentado un cuarto oscuro. En Cape Cod se encerraba horas en él mientras los niños visitaban a sus amigos, iban a la playa o jugaban a voleibol y tenis. En vacaciones usaban menos el coche pues los niños se desplazaban en bici a todas partes, por lo que tenía más tiempo libre, sobre todo desde hacía dos años, ya que Sam era más independiente. Su pequeño se estaba haciendo mayor. La única cuestión que se planteaba de vez en cuando era hasta qué punto había madurado. A veces se sentía culpable por los libros que no tenía tiempo de leer y porque la política había dejado de interesarle. En ocasiones tenía la sensación de que el mundo se movía y prescindía de ella. No percibía su maduración o evolución; su existencia consistía en mantenerse a flote, preparar la comida, trasladar a los chicos en coche y lograr que aprobasen un curso tras otro. En los últimos años de su vida nada le inducía a sentir que había evolucionado.

Su existencia había sido prácticamente igual durante los últimos catorce años, desde el nacimiento de Jessica: una vida de servicios, sacrificios y transacciones. Claro que el resultado era tangible y visible. Sus hijos estaban sanos y eran felices. Vivían en un mundo cerrado, conocido y seguro que giraba exclusivamente alrededor de ellos. Nada desagradable, inquietante o molesto los afectaba, y lo más grave que les podía ocurrir era una pelea con un niño vecino u olvidarse de hacer las tareas escolares. Desconocían la soledad tal como India la había experimentado de niña a raíz de la ausencia de su padre. Sus hijos estaban cuidados y atendidos con esmero. Cada noche su padre regresaba a casa a cenar. Este hecho era fundamental para India, pues sabía demasiado bien lo que significaba su ausencia.



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