
Lo miró a los ojos.
– ¿Por qué no me enamoré de ti?
Él sonrió.
– Lo mismo digo, nena.
Habrían estado tan bien juntos… Ojalá hubiera una pizca de química.
– Deberíamos haberlo intentado más -murmuró ella-. Deberíamos habernos acostado.
– Piénsalo un segundo -le dijo Wyatt-. Dime si te excita la idea.
– No puedo.
Sinceramente, el pensar tener relaciones sexuales con Wyatt la ponía nerviosa, y no de un modo agradable. Era como un hermano. Ojalá el hermanastro de Wyatt, Drew, le hubiera causado la misma sensación.
Por desgracia, con él todo eran fuegos artificiales. De los que quemaban.
Se echó hacia atrás y observó a Wyatt.
– Bueno, ya está bien de hablar de mí. Tú deberías casarte otra vez.
Él tomó su taza de café.
– No, gracias.
– Amy necesita una madre.
– Pero no tanto.
– Hay mujeres estupendas ahí fuera.
– Dime una que no seas tú.
Nicole reflexionó durante un minuto, y después suspiró.
– ¿Puedo decírtelo luego?
Claire llegó al aeropuerto SeaTac por la tarde, pronto, sintiéndose muy lista por haber organizado ella misma todo su viaje. Incluso había alquilado un coche, ella sola. En circunstancias normales, habría recurrido a un taxi, pero tendría que ir y volver del hospital, y después, a la panadería. Y Nicole necesitaría que hiciera recados. Tenía sentido disponer de un coche.
Después de luchar para sacar sus dos enormes maletas de la cinta transportadora, tomó una en cada mano y las arrastró hacia la escalera mecánica. Cuando llegó a la oficina de Hertz, tenía la respiración entrecortada y lamentaba haberse puesto aquel abrigo de lana tan largo. El sudor le caía por la espalda, y el jersey de cachemir se le pegaba al cuerpo.
Esperó en la cola, emocionada por estar allí, nerviosa y decidida a hacer todo lo necesario para recuperar la relación con sus hermanas. Le estaban dando una segunda oportunidad, y no iba a estropearlo.
