Tardó un par de minutos en mover el asiento para llegar a los pedales. Metió la llave en el arranque y la giró. El motor se puso en marcha inmediatamente. Con cuidado, ajustó los espejos, y después respiró profundamente. Estaba prácticamente en marcha.

Después encendió el sistema de GPS y apretó los botones del idioma, pasando por el holandés, el japonés y el francés, hasta que una voz femenina la saludó en inglés.

Introdujo la dirección de la panadería. Se le había olvidado preguntarle a Jesse el nombre del hospital donde iba a operarse Nicole, así que le pareció que el mejor sitio para comenzar era la panadería. Finalmente, se preparó para salir del aparcamiento.

Tenía un nudo en la garganta. Lo ignoró, además de ignorar el cosquilleo que notaba en la espalda y que se le estaba extendiendo por todo el cuerpo.

«Ahora no», pensó frenéticamente. «Ahora no». Podría sentir pánico después, cuando no estuviera a punto de conducir.

Cerró los ojos y respiró hondo, se imaginó a su hermana en la cama del hospital, necesitada de ayuda. Allí era donde tenía que estar ella. Con Nicole.

La sensación de pánico se mitigó un poco. Abrió los ojos y comenzó el viaje.

El aparcamiento parecía oscuro y cerrado. Afortunadamente, no había más coches en la fila delantera, así que tendría espacio extra para girar cuando saliera.

Lenta y cuidadosamente, puso en marcha el coche, y el vehículo comenzó a moverse al instante. Clavó el pie en el freno, y el coche dio un tirón. Soltó el freno, y el coche se movió de nuevo. Moviéndose centímetro a centímetro, consiguió sacarlo de su sitio. Quince minutos después había salido del aparcamiento y estaba en la carretera.

– A trescientos metros, manténgase a la derecha. I-5 está a la derecha.



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