– ¿Cómo sabes que soy rubia natural?

– Por mi excelente poder de observación.

– Yo dirijo un negocio próspero. Es evidente que soy muy lista -dijo Nicole remilgadamente.


A Hawk le gustaba que ella se pusiera nerviosa cuando estaba molesta. Le gustaba que, cada vez que él se acercaba un centímetro más se aturullara y no supiera adonde mirar. Si no estuviera interesada, le habría dicho que se marchara y se habría metido al obrador, pero no le había dicho ni una palabra. Y eso también le gustaba.

– Es evidente -dijo él, acercándose un poco más.

– ¿Es que no tienes respeto por el espacio personal?

– No.

Ella alzó la cabeza y lo fulminó con la mirada, pero antes de que pudiera hablar, Hawk dijo:

– Tienes unos ojos muy bonitos.

Nicole abrió y cerró la boca.

– ¿Qué te crees que estás haciendo?

– Flirtear.

– ¿Por qué?

– Es divertido.

– Para mí no.

– A todo el mundo le gustan los cumplidos.

– Habla por ti.

– ¿No crees que tienes unos ojos muy bonitos?

– Están bien. Son funcionales. No me importa el color.

– Claro que sí. Tienes que saber que son bonitos. Eres guapa.

Nicole se ruborizó, y él aprovechó su desconcierto.

– Te gusta que flirtee contigo -le dijo-. Es la mejor parte de tu día.

– Eres increíble.

– Ya lo sé.

Ella soltó un gruñido.

– No lo digo en el buen sentido. Tienes imaginaciones. Nada de ti es la mejor parte de mi día.

– Mentirosa.

– Ahórrate el flirteo para alguien que esté interesado de verdad -murmuró Nicole.

– Estás interesada.

Ella agitó la cabeza.

– ¿No hay ningún sitio al que tengas que ir?

– Claro, pero esto es más divertido.

– No, no es cierto.

– Deberíamos salir juntos -dijo él entonces, sabiendo que la invitación la desconcertaría todavía más.



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