Tres

Nicole se sentía tonta y azorada mientras se dirigía hacia el estadio del instituto apoyándose en el bastón. Era demasiado mayor para estar en un partido de viernes por la noche… o demasiado joven. No era estudiante, y no tenía a un hijo en el instituto. Entonces, ¿qué estaba haciendo allí?

– Me está bien empleado, por hablar con mis trabajadores -refunfuñó para sí.

Debería haberse despedido con un gesto de la mano y haber seguido caminando, pero no. Ella tenía que pararse a hablar con Raoul al final de su primera semana de trabajo en el obrador. Le había preguntado qué tal iban las cosas, porque era tonta. Y cuando él le había mencionado el partido de aquella noche, ella había fingido que le interesaba.

– Podías haber dicho que no -se recordó. Cuando Raoul le había pedido que fuera, podía haber dicho que estaba muy ocupada. Pero no lo estaba, y ella no mentía bien. En el sentido espiritual, posiblemente aquello estaba bien, pero en lo referente a cómo iba a pasar aquella noche, era una pesadez.

Miró a las filas de bancos que hacían las veces de asientos. No conocía a nadie, pero si tenía que elegir entre los chicos del instituto y los padres, elegía a los padres. Al menos, así tendría la oportunidad de hablar con alguno de ellos.

– ¡Nicole!

Se volvió hacia el campo y vio que uno de los jugadores corría hacia ella. Llevaba el uniforme y todo el equipo, y Nicole tardó unos segundos en reconocer a Raoul.

– Hola -le dijo, mientras se acercaba a la barandilla que separaba el campo de los asientos-. Impresionante. Pareces malo y fortachón.

Raoul sonrió.

– ¿De verdad?

Ella asintió. El chico tenía un aspecto diferente. Mayor. Peligroso. Sintió el impulso de decirle que no se hiciera daño; parecía que tenía el instinto maternal a flor de pie.

– ¿Vais a jugar contra un equipo difícil? -preguntó.

– Son buenos, pero les vamos a patear el trasero.



22 из 195