– Estoy impaciente por verlo.

Raoul sonrió de nuevo.

– Gracias por venir. Normalmente nadie viene a verme jugar. Salvo mis amigos, ya sabe. No un adulto.

Eso era ella. Una adulta.

– Te vitorearé mucho e intentaré avergonzarte -bromeó.

– Bien.

Una chica muy guapa con un uniforme de animadora se acercó corriendo.

– Hola -dijo con una gran sonrisa-. Soy Brittany.

La adolescente era incluso más guapa de cerca. Parecía el tipo de niña perfecta y muy popular en el instituto. Nicole pensó en odiarla por principio.

– Nicole -dijo.

– Es mi jefa -dijo Raoul-. Ya te he hablado de ella. Brittany es mi novia.

– Me alegro de conocerte -dijo Nicole.

– Yo también. Espero que le guste el partido. Vamos a tener un gran año.

Alguien tocó un silbato en el campo.

– Tengo que irme -dijo Raoul-. La veré después del partido.

Salió corriendo antes de que Nicole pudiera decirle que no iba a quedarse. Entonces recordó que no tenía el calendario social lleno, así que, ¿por qué no iba a pasar el rato allí?

– No has podido resistirte, ¿eh?

Nicole oyó aquella voz y sintió calor por todo el cuerpo. Lo maldijo a él por provocarla y se maldijo a sí misma por reaccionar.

Miró hacia la barandilla y vio a Hawk, que estaba en la hierba.

No iba vestido deportivamente, sino que llevaba unos pantalones y un polo con los colores del instituto. Estaba guapo. Más que guapo. Eso sí que era molesto.

– Raoul me pidió que viniera a verlo jugar.

Hawk no parecía muy convencido.

– Estoy diciendo la verdad -insistió ella-. Dice que nunca vienen adultos a verlo. ¿Por qué?

– Está en un hogar de acogida. Lleva mucho tiempo al cuidado de los servicios sociales. Es muy amable por tu parte que te tomes la molestia de venir.

– No es para tanto -refunfuñó ella.

– Para él sí. Tengo que irme. Disfruta del partido.

Hawk salió corriendo, y ella intentó no mirarle el trasero, aunque le resultó difícil. Raro, porque ella nunca había sido tan superficial.



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