– Estabas muy guapa -murmuró Matt-, con la luz, y todo eso, y me preguntaba si te apetecería tomar un café, o algo, no tiene por qué ser un café, podríamos ir a dar un paseo, o no sé…

«¡Respira!», pensó Jesse, deseando con todas sus fuerzas que él dividiera su monólogo en frases. Sorprendentemente, Angie sonrió. ¿Sería posible que aquel bicho raro ligara con la chica?

Al parecer. Matt no se dio cuenta, porque continuó hablando.

– O podríamos hacer cualquier otra cosa. Si tienes alguna afición o, ya sabes, una mascota, un perro, supongo, porque me gustan los perros. ¿Sabías que la gente tiene más gatos como mascota que perros? Para mí no tiene sentido, porque ¿a quién le gustan los gatos? Yo soy alérgico, y no hacen más que echar pelo.

Jesse se encogió al ver que Angie se ponía muy seria, y que su amiga arrugaba la cara como si fuera a llorar.

– ¿Pero qué dices? -se escandalizó Angie, que se puso en pie y fulminó al pobre muchacho con la mirada-. Mi amiga tuvo que sacrificar a su gato ayer. ¿Cómo has podido decir algo así? Creo que es mejor que nos dejes tranquilas ahora mismo. ¡Vete!

Matt se quedó mirándola con los ojos muy abiertos, con una total confusión. Abrió la boca, y después volvió a cerrarla. Se le hundieron los hombros y, con un aire de derrota, salió del local.

Jesse lo observó mientras se marchaba. Había estado muy cerca de conseguirlo; si no hubiera empezado a hablar de gatos… Aunque en realidad eso no había sido culpa suya. ¿Quién iba a imaginar que…?

Miró por el ventanal de la fachada y lo vio junto a la puerta. Estaba desconcertado, como si no pudiera entender qué era lo que había salido mal. Angie había reaccionado bien, y se había mostrado dispuesta a ver lo que había en el interior de aquel chico, pasando por alto su apariencia. Si él hubiera dejado de hablar antes… Y si fuera un poco mejor vestido… En resumen, aquel chico necesitaba una revisión a fondo.



11 из 189