
– Heath, soy Matt. ¿Tienes un minuto?
– Por supuesto. Vamos a salir en el barco, pero tengo tiempo. ¿Qué ocurre?
– Tengo un problema.
Rápidamente, le explicó que una antigua novia suya se había presentado inesperadamente en su casa y le había dicho que tenía un hijo de cuatro años.
– Lo primero que hay que hacer es establecer la paternidad -dijo su abogado-. ¿Qué posibilidades hay de que seas el padre?
– Es mío -dijo Matt mirando las fotografías y odiando más y más a Jesse a cada segundo que pasaba. ¿Cómo había podido ocultarle algo así?
– Entonces ¿qué es lo que quieres hacer? -le preguntó Heath.
– Hacerle todo el daño posible a esa mujer.
Capítulo Dos
Cinco años atrás…
Jesse le dio un sorbito a su café con leche y siguió leyendo las ofertas de trabajo del Seattle Times. No estaba buscando trabajo. No estaba cualificada para nada de lo que quería hacer, y nada para lo que estuviera cualificada era mejor que su horrible turno en la pastelería. Así pues ¿qué sentido tenía cambiar?
– Alguien tiene que mejorar su actitud -se dijo, sabiendo que el hecho de sentirse una fracasada no iba a ayudarla en su situación. Tampoco el sentirse atrapada. Sin embargo, ambos sentimientos estaban muy presentes en su vida.
Quizá fuera debido a su más reciente pelea con Nicole, aunque las peleas con su hermana no fueran nada nuevo. O quizá su total falta de rumbo. Tenía veintidós años. ¿No debería tener objetivos? ¿Planes? En aquel momento, lo único que hacía era dejar que pasaran los días, como si estuviera esperando a que ocurriera algo. Si se hubiera quedado en el colegio universitario, ya se habría graduado, pero sólo había durado allí dos semanas antes de irse.
Plegó el periódico, se irguió en el asiento e intentó inspirarse para llevar algo a cabo. No podía seguir a la deriva.
Le dio otro sorbito a su café y meditó sobre las posibilidades. Antes de que pudiera decidirse por algo, un chico entró por la puerta de Starbucks.
