
Leandro contuvo el aliento. Había sido testigo de la escena y había estado a punto de intervenir para defender a la muchacha de aquellos borrachos. Parecía que se llamaba Molly, tal y como le parecía haberles oído a los hombres. ¿No era diminutivo de Mary? Si así era, ¿qué demonios le importaba a él? No le gustaba el modo en el que se estaba sintiendo. Acompañado por su anfitriona, Krystal, Leandro permitió que ésta le presentara a algunos de los invitados.
Lysander Metaxis estaba presente sin su esposa quien, según se había apresurado a explicar, estaba a punto de dar a luz a su tercer hijo. Si estaba esperando que Leandro le diera la enhorabuena, éste no lo hizo. Cuando los niños entraban en la conversación, no tenía interés ni nada que decir. Sin embargo, se preguntó si sería justo que él pensara que el magnate griego estaba presumiendo de virilidad.
Cuando vio que Molly se acercaba de nuevo a los borrachos, que le habían estado pidiendo insistentemente más bebida, centró su atención en la escena. Vio que la tensión se reflejaba claramente en el rostro de la joven y que resultaban evidentes sus pocas ganas de responder. Un hombre rubio muy corpulento la agarró de nuevo y le pasó la mano sobre el respingón trasero, deteniéndose para pellizcárselo. Antes de que ella pudiera reaccionar, Leandro dio un paso al frente.
– ¡Quítele las manos de encima! -le ordenó Leandro.
El borracho soltó a Molly y la apartó a un lado para darle un puñetazo al español. Atónita por que Leandro hubiera acudido en su ayuda, Molly era consciente del peligro que corría aquel hombre de recibir una paliza por parte de los tres borrachos a los que se había atrevido a enfrentarse. Dio un paso al frente para interponerse entre los hombres y obligó a su defensor a desviar un golpe para no golpearla a ella. Como consecuencia, Leandro recibió un golpe en una sien que lo envió directamente contra el suelo.
