La parte posterior de la cabeza se golpeó contra el suelo y, durante un instante, todo quedó sumido en la más completa oscuridad. Cuando volvió a abrir los ojos, lo primero que vio fueron los maravillosos ojos verdes de la camarera, que estaba arrodillada a su lado. Estaba lo suficientemente cerca como para que el aroma a limón del cabello y de la cremosa piel de la mujer le inundara el sentido del olfato y provocara en él una poderosa respuesta sexual.

Cuando Molly se enfrentó con los ojos miel de Leandro, fue como si el mundo entero se detuviera. Sintió un extraño calor en el bajo vientre y notó que le costaba respirar. Su cuerpo cobró vida en partes muy íntimas y comenzó a palpitarle como si alguien hubiera encendido un interruptor dentro de ella.

Los borrachos se marcharon inmediatamente cuando se dieron cuenta de la cantidad de personas que estaban observando la escena. Krystal Forfar despidió a Molly con un enojado gesto.

– ¡Creo que ya has causado bastantes problemas! Señor Carrera, ¿quiere que llame a un médico?

Molly se incorporó y vio cómo Leandro se levantaba con dificultad, mientras negaba con la cabeza.

– Creo que debería ir usted a un hospital -le recomendó Molly-. Perdió el conocimiento durante unos instantes y podría tener una conmoción cerebral.

– Gracias, pero estoy bien -replicó Leandro mientras se estiraba la arrugada chaqueta-. Creo que me vendría bien tomar un poco de aire fresco.

– ¿Qué es lo que ha pasado? -preguntó Brian mientras se llevaba a Molly para hablar con ella en privado.

Molly se lo explicó mientras su amiga Vanessa escuchaba atentamente.

– Ese español es un verdadero héroe… ¡debería haber muchos más como él que se tomaran las molestias de intervenir cuando un borracho le pellizca el trasero a una mujer! -exclamó Vanessa-. No es lo que una espera, ¿verdad?

El comportamiento de aquel desconocido había dejado a Molly completamente perpleja y también le había impresionado. Molly tomó un plato y fue al bufé para elegir una selección de lo que había allí expuesto. Entonces, lo colocó sobre la bandeja con una copa. Con ella en las manos salió al balcón, donde Leandro Carrera Márquez estaba tomando el aire fresco, observando las brillantes luces de la ciudad.



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