– Quería darle las gracias por defenderme. Ha sido usted muy valiente -murmuró Molly, mientras le dejaba la bandeja sobre una mesa que había a sus espaldas-. Siento mucho que lo golpearan de esa manera.

– Si usted no hubiera intervenido, habría sido yo quien le hubiera dado a él -replicó él. Se giró para mirarla. Aún estaba completamente atónito por la ira que había sentido al ver cómo aquel borracho la tocaba. El hecho de que otro hombre se comportara de un modo tan familiar con aquella mujer le había parecido profundamente ofensivo.

– Ellos eran tres y usted sólo uno -dijo Molly mientras se ponía de puntillas para acariciarle suavemente el hematoma que ya estaba empezando a aparecerle-. Podría haber resultado herido más gravemente y me siento muy culpable por ello. Le he traído algo de comer.

Los senos de la joven le rozaron el pecho. Su proximidad le dio otra nueva oportunidad de oler el aroma cítrico de su cabello. Un primitivo deseo sexual se despertó en él. Estudió sus suaves curvas, su generosa y rosada boca, y de repente, ardió de ganas por saborearla.

– No tengo hambre para nada que no seas tú -susurró Leandro.

Capítulo 2

Mientras Molly lo observaba con curiosidad, Leandro trató por todos los medios de contenerse. Al final, comprendió que le sería imposible. Extendió los brazos y la agarró con fuerza antes de estrecharla contra su poderoso y esbelto cuerpo.

Molly se apoyó sobre él. Dejó que los largos dedos se le enredaran en el cabello para levantarle el rostro. Entonces, tímidamente, levantó sus propias manos y dejó que se deslizaran a través de las profundidades del cabello de él. La necesidad que tenía de tocarlo estaba derribando todas sus inhibiciones. La amplia y sensual boca del español reclamó la de ella con explosiva pasión.



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