– ¿No quieres una copa? -le preguntó él.

– No si significa que vas a dejar de besarme -le dijo Molly mientras le hundía los dedos en el negro cabello para abrazarse a él. Tenía la misma sensación de gozo que cuando creaba un nuevo diseño sobre su torno de ceramista, la misma gloriosa convicción de que lo que estaba haciendo era lo adecuado.

– No puedo parar -gruñó Leandro deslizándole los labios sobre el esbelto cuello en una serie de rápidos y excitantes besos que hicieron que ella gimiera de placer. Cuando le acarició el paladar con la lengua, Molly tembló violentamente-. Quédate conmigo esta noche…

Al principio, la sorpresa y la desolación se apoderaron de ella. Pudo librarse de la cárcel de la sensualidad el tiempo suficiente como para plantearse rechazar esa invitación. No eran adolescentes besándose en el portal de una casa. Tal vez ella podría ser mucho menos experimentada que muchas jovencitas, pero sabía que lo que ocurriera a continuación era básicamente decisión suya. Pensó en apartarse de él, desearle buenas noches y asumir que, probablemente, no lo volvería a ver. La piel se le heló con ese pensamiento. Lo abrazó con fuerza. Nunca antes se había sentido así con respecto a un hombre y no estaba segura de que le gustara.

– Pero yo sólo soy una camarera…

– No importa. No importa nada… Lo que importa es quién eres cuando estás conmigo.

Molly levantó la mirada y se quedó atrapada por una sonrisa que le aceleró el corazón e hizo girar su mundo como si se tratara de un terremoto. De repente, ser sensata y cuidadosa no tenía atracción alguna para ella. Leandro la hacía querer ser osada, la clase de mujer que inspiraba a los hombres actos de locura…

– Me quedaré…

El la abrazó con fuerza y, por el modo tan apasionado en el que la besó, no dejó ninguna duda de que estaba completamente de acuerdo con su decisión. Molly sintió la erección de Leandro contra su cuerpo y se echó a temblar. El efecto que tenía sobre él la intimidaba y la excitaba a la vez. Leandro era tan hombre en comparación con los muchachos a los que ella había estado acostumbrada. La llevó a una habitación que se encontraba iluminada solamente por la luz de la luna. Entonces, se sentó sobre la cama y la colocó a ella entre sus piernas abiertas.



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