
Aquella tarde, sus jefes se ocupaban de la recepción de una boda en una enorme casa de St. John Wood. Se trataba de un cliente nuevo, muy elegante, y Brian, el jefe de Molly, estaba muy nervioso, ansioso de que todo saliera bien. Molly se anudó el delantal sobre la estrecha falda negra y blusa blanca que llevaba para trabajar. La madre de la novia, Krystal Forfar, una nerviosa rubia, no hacía más que darle instrucciones a Brian con voz aguda.
Brian le hizo una indicación a Molly.
– Esta es la camarera jefe, Molly. Esta noche vendrá un invitado a la fiesta…
– Se trata del señor Leandro Carrera Márquez -explicó con voz altiva la madre de la novia, pronunciando el nombre con la ampulosidad que la mayoría de la gente reservaba para la realeza-. Es un banquero español y, como jefe de mi esposo, nuestro invitado más importante. Ocúpese de él personalmente y asegúrese de que no le falte de nada. No deseo que su copa esté nunca vacía. Le indicaré de quién se trata en cuanto entre.
– Bien -asintió Molly. Entonces, volvió corriendo a la cocina, donde estaba ayudando a desempaquetar todo lo necesario.
