Bosch contaba con muchos casos sin resolver en su historial -no se pueden resolver todos y cualquier detective de Homicidios lo admite-, pero el caso Gesto era uno de los que tenía atravesados. Cada vez que trabajaba en él durante más o menos una semana, se topaba con un callejón sin salida y devolvía el expediente a Archivos, pensando que había hecho todo lo que se podía hacer. Pero la absolución sólo duraba unos pocos meses y al cabo allí estaba otra vez rellenando el formulario de salida en el mostrador. No iba a rendirse.

– Bosch -le llamó otro de los detectives-. Miami en la dos.

Bosch ni siquiera había oído sonar el teléfono en la sala de brigada.

– Yo lo cogeré -dijo Rider-. Tienes la cabeza en otro sitio.

Rider levantó el teléfono y Bosch abrió una vez más el expediente Gesto.

2

Bosch y Rider llegaban diez minutos tarde por culpa de la cola de gente que esperaba los ascensores. Bosch detestaba ir al edificio de los tribunales precisamente por los ascensores. La espera y los empujones que hacían falta para entrar en uno de ellos le generaba una ansiedad de la que prefería prescindir.

En la recepción de la oficina del fiscal, en la decimosexta planta, les dijeron que esperaran a un escolta que los llevaría al despacho de O'Shea. Al cabo de un par de minutos, un hombre franqueó el umbral y señaló el maletín de Bosch.

– ¿Lo ha traído? -preguntó.

Bosch no lo reconoció. Era un hombre latino de tez oscura y vestido con un traje gris.

– ¿Olivas?

– Sí. ¿Ha traído el expediente?

– He traído el expediente.

– Entonces pase, campeón.

Olivas se dirigió de nuevo hacia la puerta por la que había entrado. Rider hizo ademán de seguirlo, pero Bosch puso la mano en el brazo de su compañera. Cuando Olivas miró atrás y vio que no le estaban siguiendo, se detuvo.

– ¿Vienen o no?

Bosch dio un paso hacia él.



15 из 310