
Después de examinar el resto del vehículo a través del cristal, Bosch salió del garaje con cuidado de no tocar nada.
– ¿Hay algo? -preguntó de nuevo Edgar.
– La ropa. El equipo de montar. Quizás algo de comida. Hay un Mayfair debajo de Beachwood. Puede que pasara de camino a los establos.
Edgar asintió con la cabeza. Una nueva pista a investigar, un lugar donde buscar testigos.
Bosch salió de debajo de la puerta levantada y observó los apartamentos High Tower. Era un lugar único en Hollywood, un complejo de viviendas construidas en el granito de las colinas, detrás del Hollywood Bowl. Eran de estilo streamline y todas estaban conectadas al centro por la esbelta estructura que albergaba el ascensor: la torre que daba nombre a la calle y al complejo. Bosch había vivido una temporada en ese barrio, de niño. Desde su casa, cerca de Camrose, oía las orquestas que ensayaban en el Hollywood Bowl en los días de verano. Desde el tejado se contemplaban los fuegos artificiales del Cuatro de Julio y del final de la temporada. De noche había visto luz tras las ventanas de los apartamentos High Tower. Había visto pasar el ascensor por delante de ellas al subir para dejar a otra persona en su casa. De niño había pensado que vivir en un lugar donde un ascensor te dejaba en casa tenía que ser el summum del lujo.
