
— Ya me he dado cuenta.
— ¿No puedes girar más fuerte?
El coordinador no contestó. Estaba colgado pegado a la pared, con una mano en la palanca. Intentó aferrarla con la otra. La operación resultaba difícil, pero al fin lo consiguió. Ahora estaba suspendido como en un trapecio. Encogió las piernas para no chocar contra el químico, inclinado debajo de él, y tiró enérgicamente de la palanca varias veces, encogiéndose y dejándose caer a continuación con todo el peso de su cuerpo. Resoplaba cada vez que rebotaba contra la pared.
A la tercera o cuarta tentativa la palanca cedió un poco. Faltaban ya tan sólo cinco centímetros. El coordinador hizo acopio de todas sus fuerzas y se dejó caer de nuevo hacia abajo.
La palanca chocó contra el cerrojo con un tremendo chirrido. Se había corrido el pasador interior.
— Esto marcha como la seda — gritó el físico con alegría. Pero el ingeniero guardó silencio. Sabía dónde estaba el verdadero problema. Todavía quedaba por levantar la escotilla, y esto era mucho más complicado. Tiró con fuerza de la palanca del dispositivo hidráulico, pero sabía de antemano que no funcionaría. Los tubos se habían rajado en numerosos puntos y el líquido se había derramado. Cuando el doctor dirigió su linterna hacia arriba, la manivela con sus ruedecillas brilló sobre sus cabezas como un aureola. Estaba demasiado alta para sus posibilidades gimnásticas: más de cuatro metros.
Entonces trajeron de todas las habitaciones los instrumentos rotos, las almohadas, los libros, y los fueron apilando. La biblioteca demostró ser particularmente útil y, en especial, los atlas estelares, que eran maravillosamente gruesos. De esta forma construyeron, como si fueran ladrillos, una pirámide. Necesitaron casi una hora para acabarla. En una ocasión se les vino abajo todo un lado, de modo que a partir de entonces actuaron sistemáticamente bajo las directrices del ingeniero.
— El trabajo físico es una tortura — afirmó el doctor, jadeando. La linterna estaba colocada en una grieta del climatizador y les iluminaba el camino mientras iban a la biblioteca y volvían cargados de libros.
