– «Incendiad Europa», eso fue lo que ordenó el viejo -dije.

– Me sentí fascinada al descubrir que una serie de estadounidenses trabajaron para el SOE antes de que Estados Unidos entrara en guerra. Pensé que se podría escribir un libro sobre ese tema. Me las arreglé para venir aquí y llevar a cabo la investigación; uno de los nombres con los que me encontré una y otra vez fue el de Munro, brigadier Dougal Munro. Antes de la guerra era un arqueólogo que trabajaba en Oxford. En el SOE fue jefe de la sección D, conocida habitualmente como el departamento de asuntos sucios.

– He oído hablar de él -dije.

– Llevé a cabo la mayor parte de mi investigación en la Oficina de Registros Públicos. Como sabe, son pocos los archivos relacionados con cuestiones de inteligencia militar que se ponen inmediatamente a disposición del público. El contenido de algunos de esos archivos no puede desvelarse hasta después de transcurridos veinticinco años, el de otros, hasta después de cincuenta…

– Y cuando se trata de material excepcional- mente sensible, han de transcurrir cien años -dije.

– Y eso eslo que yo tengo aquí -dijo ella extendiendo una carpeta-. Se trata de un archivo, con prohibición de divulgación durante cien años, referente a Dougal Munro, Kurt Steiner, Liam Devlin y otros. Es toda una historia, puede usted creerme.

Me entregó la carpeta y yo la sostuve sobre las rodillas, sin abrirla.

– ¿Y cómo demonios ha conseguido esto?

– Ayer mismo estuve comprobando algunos archivos referentes a Munro. Estaba de servicio un joven empleado, y supongo que actuó con descuido. El caso es que encontré la carpeta metida entre otras dos, sellada, desde luego. Una tiene que hacer la investigación de acuerdo con las facilidades ofrecidas por la Oficina de Registros, pero, puesto que esta carpeta se había traspapelado y no estaba en el formulario de préstamo, la saqué metiéndola en mi maletín.



6 из 253