Los pasteles con un alto nivel de calorías siempre la habían ayudado a tranquilizarse los nervios a primera hora de la mañana. Las patatas fritas eran lo único que le funcionaba después de las once. Por la tarde, tenía que recurrir al chocolate, en cualquiera de sus formas. Y antes de irse a la cama, tenía que tomarse un helado.

– ¡Quiero saber lo que has dicho! -exclamó Susie, pisándole los talones. -Has estado casi dos años soñando con ese hombre, babeando cada vez que él entraba en la agencia.

– ¡Eso no es cierto! Ahora, ¿quieres dejar de seguirme y ocuparte de los clientes?

– Ya lo estoy haciendo. Me estoy ocupando de Dev Riley.

Carrie reprimió un gruñido. Había veces en las que se arrepentía de no haber permanecido como única propietaria. Sin embargo, la agencia de viajes «Aventuras Inc.» se había hecho demasiado popular como para que la dirigiera solo una persona. Así Susie había pasado de ser una empleada indispensable a una aspirante a socia y había ido comprando poco a poco parte del negocio. Además, se había convertido en la mejor amiga, y torturadora, de Carrie.

A cambio, Carrie se había visto relevada de todas las tareas que no le gustaban del negocio de los viajes, como por ejemplo viajar. Susie la había interrogado sobre su vida personal con tanta insistencia que ya no había secretos entre ellas.

– Yo no sueño con Dev Riley -musitó Carrie, mientras se servía una taza de café. -Yo admiro su… abrigo -añadió por fin, sin saber si confesar que era su cara, su cuerpo. -Sí, eso es. Creo que tiene un gusto exquisito. Era de cachemir.

– Y tú no podrías decirme ninguna mentira menos creíble que esa. De hecho, es bueno que por fin hayas hablado con él. Eso es un gran paso para ti. Las dos sabemos que ya va siendo hora de que tengas una vida real. Una vida real con un hombre real.

– Ya tengo una vida -respondió Carrie, con la boca llena de donut.

– Tienes una profesión -la corrigió Susie. -Las dos sabemos que no has vivido nada desde que tenías diez años.



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