
de mi corazón sosiego.
ALCINO Pagado me has todo el fuego
en que el mío siento arder;
en la sangre puede hacer
esa inquietud algún mal.
¿En qué te traeré el cristal
desta fuente, que algún día
en mis ojos le traía,
del alma fuente inmortal?
SIRENA Esos eran los cristales
que la mía estima en más:
voy a beber.
ALCINO Beberás
en búcaro de corales:
ya que a recibirla sales
para ser cristal en rosa,
no heredes, fuente dichosa,
la lisonja de Narciso:
pero ya tarde te aviso;
que es la causa más hermosa.
Ya que su boca a tus hielos
hizo tan alto favor,
no dejes beber, pastor,
que me matarás de celos;
luego te convierte en hielos;
siendo en tu campo sereno
copa de ardiente veneno,
y agua de ámbar para mí.
SIRENA Yo bebí, Alcino.
ALCINO Y yo vi
el clavel de perlas lleno;
pero en esta envidia loca,
tu boca fue el instrumento,
y el agua mi pensamiento,
que se acercaba a tu boca.
SIRENA Galán estás y discreto.
ALCINO ¡Qué cosas hace el pensar,
si fuese en todo lugar
la imaginación efeto!
SIRENA Puesto que me has obligado
con tal fácil desatino,
más que discreto, mi Alcino,
te quisiera enamorado.
Salen Dafne, ninfa, Silvia y Bato, villanos rústicos.
DAFNE ¿Que tú la viste?
BATO Alahé,
que la vi subido en somo
de un cerro, y que tiene el lomo,
que de conchas no se ve.
¿No habéis visto la corteza
de un jaspe? Tal es la piel
como que arrojó el pincel
sobre la naturaleza;
como murciélago son
las alas, y llenas de ojos
verdes, dorados y rojos,
sin ser ruedas de pavón;
en lo que es dellas más tierno,
estrellas se dejan ver
