de plata, si puede haber

estrellas en el infierno;

en la reverenda cola,

bien puede, Dafne, caber

la tienda de un mercader:

¿qué digo una tienda sola?

¡Voto al sol, toda una praza!

SILVIA Entre las gracias de Bato,

como le cuesta barato,

es mentir con linda traza.

BATO Luego ¿tampoco creerás

que tien la barriga verde

en redondo, Dios me acuerde,

cuarenta varas y más?

SILVIA ¡Qué graciosa impertinencia!

¿Cómo se puede saber?

BATO Un sastre lo dijo ayer,

hombre de buena conciencia,

que le tomó la medida

para hacelle mi verdugado.

DAFNE Silvia, a mí me da cuidado

o verdadera o fingida:

y la cara ¿cómo es?

BATO Eso no es cosa tan fea;

mas no hay hombre que la vea

que pueda vivir después;

un reinoceronte es nada,

es un peñasco de hielos,

es una mujer con celos,

es una suegra enojada;

un pedregoso barranco

es la frente, y tien por crin

las cerdas de un puerco espín

labradas de negro y branco;

la nariz como guadaña,

y los ojos dos incendios

cercados de escolopendrios

en vez de ceja y pestaña.

SILVIA Dafnes, el miedo sería

quien a mentir le provoca.

BATO Tres varas tiene de boca.

SILVIA ¿Tres varas?

BATO Si cada día,

como a los ganados venga,

se almuerza cuatro cochinos

y diez corderos añinos,

¿qué boca quieres que tenga?

Ayer se comió un pastor,

que le alcanzó de una encina.

DAFNE ¡Ay dioses, tanta rüina

tanto mal, tanto rigor!

¿Es Sirena aquélla?

SILVIA Sí,

y Alcino el que está con ella.

DAFNE ¡Mi Sirena!

SIRENA Dafne bella,

¿adónde vais por aquí?

DAFNE Amaneció con el día

esta serpiente cruel



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