
el suelo.
BATO No hay cosa que no me ocupe
frío temor: ¡muerto soy!
Ceres y Baco me ayuden.
Sale Febo con su arco y flechas.
FEBO De mi cuarta esfera al suelo
bajo, penetrando nubes,
a los montes de Tesalia,
que tristes voces confunden;
quejas de un fiero animal,
envueltas en llanto suben
a mis dorados palacios;
su luz eclipsan y cubren.
Dejé el carro a discreción
de Flegón y Etonte; alumbren
el mundo, y las ruedas de oro
la región etérea sulquen;
que basta que el primer móvil,
que tantos Cielos incluve.
desde la aurora los lleve
donde su término cumplen,
hasta que en sueño y silencio
la obscura noche sepulte,
a las sierras, soledades,
y a los hombres, pesadumbres.
Tomé el arco, y las saetas
pintadas al hombro puse,
antes que otro de los dioses
tan alta hazaña me usurpe;
que la envidia y la ambición
no hay cosa que no perturben,
así en imperiales solios,
como, en pajizas techumbres.
Voy en busca de la fiera;
mas ya la tierra descubre
uno de los hombres muertos,
por donde le siga y busque;
pero no lo está del todo.
¿Vives, hombre?
BATO ¡Venus dulce,
Febo dorado, favor!
FEBOAlza el rostro, no te turbes.
BATO ¿Qué quieres, señora sierpe?
FEBO Hombre, escucha.
BATO ¿Que la escuche?
Esta vez, por el pescuezo
al estómago me engulle.
FEBO ¿Estás herido?
BATO ¿No ve
la sangre que se me escurre
qué arromadizada viene?
FEBOOye, necio.
BATO No me hurgue;
que cosquillas de una sierpe
no hay hueso que no machuquen;
cómame junto, por Dios,
pero no me despachurre;
manido estoy, no haya miedo
que la haga mal en el buche.
