
FEBO Si estás herido, yo soy
el primero que compuse
aforismos medicables;
muestra el pecho, ¿qué rehuyes?
BATO ¡Ay, que me muque, señores!
¡Ay, señores, que me muque!
FEBO Levanta, bestia.
BATO ¿No es sierpe?
FEBO ¿Aun no dejas que te cure?
Médico soy.
BATO Tarde viene:
no he menester que me purgue.
FEBO ¿No estás herido?
BATO Yo no;
que estas verdes alegustres
donde huyendo tropecé,
de no le ver me disculpen.
FEBO ¿Por adónde va Fitón?
BATO Señor, no me lo pregunte:
así Dios le dé salud.
FEBO Villano vil, no te excuses,
que tú me la has de enseñar.
BATO ¿Yo cómo, si nunca supe
por adónde van las sierpes?
FEBO No hayas miedo que te injurie
yendo conmigo; que soy
Febo, el autor de la lumbre
celestial; yo soy Apolo.
BATO Señor Pollo, el que nos hunde
a rayos en el verano,
y en el invierno se escurre;
por acá los labradores
se quejan que no madure
las cosas cuando es sazón,
que unas cría y otras pudre;
y también los segadores,
que dicen que los aturde,
porque no hay vino que beban,
que al momento no le suden.
FEBO Camina, ignorante, y dime,
antes que Fitón se oculte,
dónde le tengo de hallar.
BATO Mire, señor, que se aburre,
porque se le ha de mamar
como a higo por Octubre;
tenga lástima a sus años,
porque dan las juventudes
dolor si en agraz se van.
FEBO Camina.
BATO A mí no me culpe,
pues él por fuerza me lleva;
pero diga, ansí se enjugue
de las aguas del invierno
entre sus martas azules,
si es sol que todo lo ve,
¿no es necedad que procure
que yo le enseñe la sierpe?
FEBO ¡Villano, no me disgustes!
