– ¿Por eso te vistes así cada vez que quedas con él?

Daisy sabía que George Latimer era un hombre muy observador.

– Somos amigos, George. Buenos amigos. Y eso es lo que quiero que sigamos siendo. No quiero que me confunda con las otras chicas.

– Ya veo.

– ¿Quieres un té? -preguntó Daisy para cambiar de tema-. Después podríamos estudiar el catálogo de la subasta de Warbury. Supongo que es para eso para lo que me estabas esperando.

George miró el catálogo como si lo hubiera olvidado.

– Ah, claro. Hay una estupenda colección de cerámica oriental y me gustaría que fueras a echar un vistazo -dijo el hombre-. Ya sabes lo que busco. Pero, como representas a la galería, te agradecería que ese día evitases a Robert Furneval -añadió, mirándola por encima de sus gafas-. Ponte el traje rojo, el de la falda corta. Es el que más me gusta.

– No sabía que estuvieras interesado en mi ropa, George.

– Soy un hombre y me gustan las cosas bonitas. ¿Tienes zapatos de tacón de aguja? -preguntó. Daisy casi tuvo que recuperar su mandíbula de la alfombra persa-. Son muy buenos para distraer a la competencia.

– Ese es el comentario más sexista que he oído en mi vida, George -dijo ella, boquiabierta-. Pero la verdad es que he visto un par de zapatos de Chanel que me encantaría comprar. ¿Puedo cargarlos a la galería?

– Solo si me prometes ponértelos la próxima vez que vayas a comer con Robert Furneval -sonrió el hombre.

– Vaya. Entonces tendré que ir a la subasta en zapatillas de deporte. Qué pena.

Capítulo 2

SÁBADO, 25 de marzo. He comprado los zapatos. Carísimos. Me siento tentada de ponérmelos para la fiesta de Monty esta noche, pero no puedo hacerlo porque viene Robert. Me pregunto si alguien se da cuenta de que me visto de forma diferente cuando estoy con él. Mi hermano, probablemente. Pero estoy segura de que Michael sabe la razón. Probablemente seguiré siendo el paño de lágrimas de Robert entre novia y novia cuando estemos jubilados. Y seguiré volviendo a casa sola.



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