
– No puedo. Soy una de las damas de honor -dijo ella. Aunque la idea de ahorrarse el terciopelo amarillo empezaba a parecerle una buena razón para decirle que sí.
Por supuesto, si se escapaba a Perth para casarse, su madre la perdonaría y ella dejaría de pensar en Robert de una vez por todas. Pero tenía que recordar que el paquete incluía los dientes del australiano.
– No echarán de menos a una dama de honor, ¿verdad?
– Me temo que sí. Quedaría muy mal en las fotos. Además, una de mis reglas es no aceptar proposiciones de matrimonio de un hombre al que acabo de conocer.
Pero el australiano era inasequible al desaliento.
– Tenemos tres días antes de que me marche. Tiempo suficiente para conocernos. ¿Por qué no empezamos por bailar?
– ¿Durante tres días? -bromeó ella, mientras él le quitaba la copa de la mano y la tomaba por la cintura. Era más musculoso que Robert. Sin duda, la consecuencia de pasar horas y horas, sobre una tabla de surf en las playas de Australia-. No pierdes el tiempo, ¿verdad?
– La vida es para vivirla.
– Estás loco -sonrió Daisy.
– ¿Por qué? ¿Porque quiero conocerte? Supón que estamos hechos el uno para el otro y, por culpa de esa boda, yo vuelvo a Australia y nunca más volvemos a vernos.
– Ese es un riesgo que tendremos que aceptar -dijo ella, aunque el riesgo no le parecía tan grande. Tenía la sospecha de que eso de conocerse se refería más al aspecto físico que al intelectual. De hecho, sospechaba que su actitud despreocupada era más una interpretación que otra cosa. Estaba buscando una chica para pasar los tres días que le quedaban en Londres y no tenía tiempo para ser demasiado selectivo.
A Daisy no le importaba ser el paño de lágrimas de Robert porque lo amaba. Bueno, quizá no en aquel momento. En aquel momento le apetecía decirle que era un idiota y que, si no tenía cuidado, acabaría solo. Pero estaría perdiendo el tiempo. ¿Y con qué derecho podía decirle que terminaría solo cuando era ella quien parecía tener más posibilidades de acabar siendo la tía de todo el mundo y la abuela de nadie?
