– No te lo estás tomando en serio -lo interrumpió ella. Pero, ¿cuándo Robert se tomaba nada en serio? Podía estar un poco triste porque su última novia lo había dejado una semana antes de que lo hiciera él, pero como pronto tendría docenas de mujeres deseosas de ocupar su puesto, la tristeza no duraría demasiado.

Daisy tomó un sorbo de vino en un silencioso brindis por la ex novia; pocas de las conquistas de Robert eran tan inteligentes.

– O podrías llevar peluca -sugirió él. Daisy le dijo, con términos que no admitían discusión, dónde podía meterse la peluca y Robert soltó una carcajada-. No te desplumes, patito -bromeó él-… Estás sacando las cosas de quicio. ¿Quién se va a dar cuenta? Todo el mundo estará mirando a la novia.

Para ser un hombre conocido por volver locas a las mujeres con su galantería, aquel comentario era bastante grosero, pensaba ella. Pero Robert siempre la había tratado como si fuera su hermana pequeña y ningún hombre está dispuesto a ser galante con su hermana. Su propio hermano nunca lo había sido, ¿por qué iba a ser diferente su mejor amigo? Especialmente, porque ella siempre había querido que sus relaciones con Robert tuvieran ese carácter. Nada de coqueteos. Ni vestidos bonitos ni tacones cuando quedaban a comer.

Podía amarlo hasta lo más profundo de su ser, pero ese era un secreto que solo compartía con su diario. Robert Furneval no era el tipo de hombre que podía mantener una relación duradera con una mujer y cuando se ama a alguien, eso es lo único que se desea.

Daisy dejó la copa de vino sobre la mesa y se levantó. Separarse de Robert siempre le resultaba difícil, pero tenía que hacer un esfuerzo.

– La próxima vez que necesites un hombro sobre el que llorar, Robert Furneval, busca en las Páginas Amarillas. Ya que te gusta tanto ese color…

– Venga, Daisy. Tú eres la única mujer en la que puedo confiar -protestó él, mirando su bolso-. Excepto por esa tendencia tuya a usar la ropa de tu abuela -añadió. Daisy ni siquiera se molestó en contradecirlo. Su hermana le había regalado aquel precioso bolsito de mano cubierto de perlas, probablemente siguiendo los consejos de su madre para modernizar su imagen-. No te pongas tan tonta solo por un traje. Ni siquiera tendrás que enseñar las piernas.



5 из 97