
Robert sabía lo que había detrás de aquella llamada. Era una forma de intentar reanudar la relación, pero él sabía que no podía comprometerse. Igual que su padre. Era un egoísta. Lo había querido todo y su madre había pagado el precio. Y él no pensaba hacerle eso a ninguna mujer. Buscaría el pañuelo de Janine y lo enviaría por mensajero.
– Robert, soy Ginny -decía el siguiente mensaje-. Siento no haberte visto hoy porque quería pedirte un favor. Michael me ha confesado que Daisy no puede soportar la idea de ser dama de honor. Pero ahora no puedo decirle que no lo sea… bueno, verás, lo que quería pedirte es que estés pendiente de ella en la boda. Que lo pase bien, ya sabes. Sois tan buenos amigos, que nadie podría hacerlo mejor que tú.
– Halagadora -murmuró él.
– Robert -por fin la voz de Daisy-. Muchas gracias por el regalo. Era justo lo que necesitaba después de verme con el vestido puesto. Nos veremos en la boda. Es imposible que no me encuentres, seré el patito feo de la izquierda. Adiós.
Robert sonrió.
– Te estaré buscando -murmuró, sintiendo un extraño calor en su interior-. En todos los sentidos.
– Robert, ¿te importaría hacerme un favor? -la voz de su madre lo devolvió a la realidad-. Le he pedido a Daisy que puje por mí en la subasta de Warbury, pero se me ha olvidado darle un cheque. ¿Quieres encargarte tú, por favor?
Robert levantó su copa, brindando con el contestador. Había estado preguntándose cómo podría explicarle a Daisy su presencia en Warbury.
– Madre, muchísimas gracias, acabas de darme la excusa que necesitaba.
Capítulo 6
MARTES, 28 de marzo. El viaje en tren, un infierno, la casa Warbury llena de gente y ha llovido a mares todo el día.
George tenía razón. El plato Imari no es original. Pero hay otro objeto que me gustaría comprar para Jennifer, aunque no sé si habrá suerte. Seguramente no he sido la única que ha mirado en las cajas de la cocina para encontrar algún tesoro que hubiera pasado desapercibido.
