Robert se sentó en la cama y empezó a quitarse la corbata, sin dejar de mirarla.

Monty estaba equivocado. Eran amigos; eso era todo. Siempre habían sido amigos. Incluso cuando era una cría y los seguía a Michael y a él a todas partes…

Pero Daisy se había convertido en una tentación. Sus suaves labios rosas estaban entreabiertos y su piel parecía tan suave como el terciopelo. Robert alargó la mano, deseando acariciarla, pero solo se atrevió a rozar su mejilla. Parecía una niña.

Robert se levantó y fue al cuarto de baño para desvestirse, horrorizado por el hecho de que, mientras su mente contemplaba la idea de una amistad eterna, su cuerpo parecía albergar deseos muy diferentes.

Capítulo 8

MIÉRCOLES, 29 de marzo. No he pegado ojo. Cuando Robert entró en la habitación me hice la dormida, pero entonces él pronunció mi nombre y me acarició la cara suavemente. No sé qué habría pasado si no se hubiera apartado…


Robert estaba dormido cuando Daisy se despertó. Con un brazo fuera de la cama y las sábanas hechas un lío alrededor de la cintura parecía tan joven… como si los años desde que besó a Lorraine Summers no hubieran pasado.

Daisy alargó la mano para acariciar su cara, como él había hecho la noche anterior.

Por un momento, la punta de sus dedos rozó su barbilla, pero después se apartó. Sería mejor dejarlo dormir y vestirse con tranquilidad. Aunque Robert la había visto muchas veces recién levantada, había una gran diferencia entre verlo en la cocina y verlo en el dormitorio.

Daisy llevó su ropa al cuarto de baño y se duchó tan rápido como pudo. Después, durante un rato, se quedó mirando a Robert. Los hombros anchos, el fuerte torso desnudo… todo aquello que siempre estaba escondido bajo las civilizadas camisas hechas a medida se mostraba ante sus ojos y la sensación de intimidad la asustaba y la excitaba a la vez.



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