
Él le pellizcó los pezones, apretándolos con cuidado, y la sensación fue lo suficientemente aguda para disparar una ráfaga de pura excitación sexual directa a su ingle. Se sintió subiendo y bajando, su cuerpo se arqueaba instintivamente en manos de él mientras sus dedos se deslizaban por la parte trasera de su cuello, sintiendo la dureza, el grosor del músculo. Se pegó a él escuchando los suaves sonidos de incitación que estaba haciendo, sintiendo la rígida protuberancia de sus pantalones mientras frotaba sus nalgas contra ella. Los músculos de su estómago se contrajeron de nuevo, esta vez con anticipación ciega, y ella intentó volverse hacia él.
Él la sujetó, manteniéndola contra la barandilla, la ciudad se extendía ante ellos y a su alrededor. Sintió cómo tiraba de la cinturilla elástica de sus pantalones, sintió el frío súbito del aire en su trasero desnudo mientras él tiraba de la seda hacia abajo, sintió la tensión del elástico alrededor de sus muslos.
El pánico regresó de nuevo, una vez más mezclado con la incredulidad y el terror. ¿Aquí? ¿En el balcón, al aire libre, donde cualquiera podría verlos? La calle estaba demasiado lejos para que pudieran verlos desde allí abajo pero ¿y la gente de los edificios vecinos? Los telescopios abundaban en esa ciudad, miles y miles de personas espiaban a sus vecinos, en los edificios del otro lado de la calle y, seguramente el FBI o la DEA
Él se acercó de nuevo, murmurando algo en voz baja y con tono tranquilizador. Oprimió de nuevo su desnudez y puso la mano entre ellos. Ella oyó el sordo sonido de una cremallera, sus nudillos presionando brevemente sus nalgas, sobresaltándola en un grito contenido, entonces no era consciente de nada, sólo de su espantosa exposición y de la fuerte presión de su pene desnudo contra la abertura de su cuerpo.
– Inclínate un poco.
Su mano en la parte trasera de su cuello se aseguró de que obedeciera. Sus pies estaban entre los de ella, separándolos todo lo posible dado el obstáculo que suponían sus pantalones alrededor de sus muslos. Dobló las rodillas, agachándose para obtener un ángulo mejor y con la otra mano movió la gruesa cabeza hacia delante y hacia atrás contra su abertura, humedeciéndolos a ambos. Entonces presionó hacia arriba y hacia adentro, penetrándola lentamente y con dificultad.
