
– No te has corrido -le soltó, dándose cuenta de repente.
Empezó a llevarla de espaldas hacia la puerta de cristal abierta, sujetándola cuando sus pantalones amenazaban con hacerla tropezar.
– Sólo una vez, ¿recuerdas? -dijo con su brillante mirada cálida y violenta a la vez-. Hasta que me corra, todo esto cuenta como una sola vez.
Capítulo 2
En un edificio con vistas al apartamento de Rafael, un agente federal parpadeaba mirando el monitor y anunciaba con tono de asombro:
– Eh, la novia tiene un novio.
Su superior caminó hacia el monitor y se quedó mirándolo, mirando a la pareja del balcón. Silbó.
– Haz que lo sigan de cerca; Salinas acaba de dejar el edificio. Frunció el ceño, analizando las imágenes.
– No recuerdo haber visto antes a ese tío. ¿Podemos identificarlo?
– No creo; al menos no por ahora. No nos ha proporcionado un buen ángulo.
A pesar de ello, el primero de los agentes, Xavier Jackson, hizo bailar los dedos sobre el teclado intentando mejorar la resolución. Salinas había elegido bien su ático; el ángulo, la altura, la distancia, todo pensado para hacer de la vigilancia visual, como mínimo, una tarea difícil -y con todo lo mala que era la vista, lo que se veía desde allí era condenadamente mejor que cualquiera de los sonidos que habían logrado conseguir-. El apartamento no sólo estaba insonorizado, sino que Salinas había instalado además un sofisticado equipo que frustraba todos sus intentos de escuchar alguna cosa.
