
Congeló una imagen de la pareja y la introdujo en el programa de reconocimiento, aunque no albergaba muchas esperanzas.
Su superior era Rick Cotton; llevaba en el FBI por lo menos veintiocho años, se le había puesto el pelo gris trabajando en el cuerpo. Era un hombre tranquilo, competente en su trabajo, pero sin el suficiente talento para lo que hacía ni lo suficientemente inteligente políticamente hablando para llegar más allá de su actual puesto. Se retiraría dentro de un año, más o menos, cobraría su pensión, y su ausencia no dejaría ningún vacío, pero al mismo tiempo la gente que hubiera trabajado con él lo recordaría como un sólido agente.
Durante sus seis años en el FBI, Jackson había trabajado con gente brillante que era, además, gilipollas, o peor aún, con gandules que eran brillantes lamiendo culos, así que no tenía ninguna queja de Cotton. Había cosas mucho peores en el mundo que trabajar con un hombre decente y competente.
– Esta podría ser nuestra oportunidad -dijo Cotton mientras esperaba a ver si el programa de ordenador le podía poner un nombre a la cara del hombre desconocido.
Hasta ahora, no habían encontrado ninguna grieta en el muro de seguridad de Salinas, pero grabar a su novia montándoselo con otro tío era un elemento de presión que podían usar contra ella. Que se lo montara con alguien dentro sería una oportunidad increíble… No porque fuera a hacer brillar la reputación de Cotton, pues algún agente hábil e inteligente sentado en una oficina encontraría la manera de llevarse todo el mérito y Cotton no protestaría, sino que continuaría trabajando a su manera, duramente y de forma responsable.
