Él se había contenido, deteniéndose varias veces cuando estaba a punto de correrse y, finalmente, la tensión se notaba. Su pelo estaba empapado en sudor, su cara tenía una expresión dura y concentrada; sus ojos brillaban con una intención tan ardiente que su piel se podría haber abrasado mientras la miraba.

Hasta que se rió y, durante un instante, lo vio relajado e incluso por un momento -un momento muy breve- con la guardia baja.

No la había besado en la boca. Había besado prácticamente todas las otras partes de su cuerpo pero no su boca y, de repente, lo deseó más que cualquier otra de las cosas que le había hecho. Impulsivamente, extendió la mano y le tocó la cara, sus dedos se deslizaron con suavidad por la dura línea de su mandíbula sintiendo la casi imperceptible aspereza de su vello y el calor de su piel. Sus oscuras cejas se arquearon ligeramente, interrogantes, como si su caricia le pareciera extraña. Drea se rindió al deseo, irguiéndose y acercando su cara a la de él.

Durante otro de esos gélidos instantes, lo sintió tan inmóvil como una piedra, como si se estuviera obligando a sí mismo a no separarla, y sintió que algo le oprimía el pecho, como si estuviera esperando el momento en que él rechazara su beso.

Pero no lo hizo y ella, vacilando, inclinó la cabeza para hacer el contacto más estrecho. Sus labios eran suaves y cálidos; su cálida fragancia la invadió, la incitó, la hizo pasar de la satisfacción a la necesidad. Él no había abierto su boca para ella y ella lo deseaba, pero casi le daba miedo pedir más. Se atrevió a rozar levemente con su lengua aquellos suaves labios.

De repente, él le estaba devolviendo el beso, arrebatándole el control y presionándola de nuevo contra el colchón, con su pesado cuerpo sobre ella. La besó como si una bestia primigenia dentro de él se hubiese soltado de su correa y quisiera devorarla, su boca hambrienta y caliente pidiendo más, su lengua danzando con la de ella y obligándola a darle más. Ella se aferró a él rodeándolo con los brazos y las piernas y se abandonó a la tormenta que había provocado.



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