Su regla número uno era no matar nunca a un policía. Nunca. Bajo ningún concepto. Nada atraería toda la ira de la ley hacia él tan rápidamente como el haber hecho daño a uno de los suyos. Tampoco aceptaría nunca un caso relacionado con asuntos sentimentales porque no sólo eran engorrosos sino porque además solían ser poco rentables. Sus principales objetivos estaban relacionados con los bajos fondos del crimen, el espionaje industrial o la política. Los primeros, a la policía le traían sin cuidado, la segunda categoría solía ser discreta, y él nunca aceptaba un trabajo relacionado con la política en este país. Eso hacía que su vida se mantuviera tan ordenada y poco complicada como era posible.

Entró en su cuarto y se quitó la ropa, la tiró en una cesta dentro del armario, a continuación entró desnudo en el baño y cuidadosamente retiró el látex color piel de los lóbulos de las orejas. Cambiaba su apariencia constantemente con pequeños retoques, con la teoría de que nunca se era demasiado prudente. Hoy en día las cámaras de seguridad estaban por todas partes, gracias a los cabrones de los terroristas. Él siempre hacía sus deberes y localizaba los lugares más obvios para la instalación de cámaras, asumiendo que lo estaban grabando y calculando los ángulos.

Se podía haber duchado aquí, en lugar de en el baño de Drea, pero ella era bastante más astuta de lo que quería hacer creer a la gente. A menos que se tratase de una emergencia, no mucha gente renunciaría a una ducha tras cuatro horas de sexo -a menos que supieran que muy pronto se podrían dar una ducha en algún otro lugar, tal vez en algún otro lugar en ese mismo edificio-. Ella no podía haber llegado a esa conclusión, pero él no había querido darle siquiera la oportunidad de hacerlo. No había que infravalorar a nadie que fuera lo suficientemente listo como para engañar a Salinas.

La tarde había sido… satisfactoria. Muy satisfactoria. No sólo había aprendido muchas cosas sobre Salinas, sino que había sobrepasado los límites de su propio autocontrol y había obtenido un gran placer por ello.



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