Quería saber hasta qué punto Salinas lo necesitaba y la respuesta era obvia: mucho -hasta el punto de que Salinas había consentido en compartir a su mujer, lo que iba en contra de los fundamentos de su tradición, de su posición y de su ego-. El único caso en que alguien con la posición de Salinas entregaría a su mujer sería si se hubiera cansado de ella, y el asesino tenía clarísimo que ése no era el caso.

La identidad de su último objetivo, un importante traficante de drogas de México, había despertado la curiosidad del asesino. Salinas era un importante distribuidor, pero sus actividades dentro de la cadena del narcotráfico estaban relacionadas con la distribución final. Los traficantes de drogas estaban constantemente deshaciéndose unos de otros, pero que un distribuidor quisiera eliminar a un proveedor era… raro. Algo más estaba pasando, algo que podía resultar muy lucrativo para un hombre que era el mejor en lo que él hacía.

El asesino había sopesado minuciosamente todas las perspectivas y posibilidades y había ideado una manera de enterarse de lo que quería saber. Si la respuesta era «sí», entonces Salinas pronto necesitaría desesperadamente los servicios del asesino, lo que significaba que el asesino podría fijar el precio del trabajo. Si la respuesta era «no», no pasaba nada porque, aunque hubiera tenido que cumplir su amenaza implícita de no volver a trabajar para Salinas, nunca faltaban trabajos. De hecho, había un excedente de gente que quería que él matase a otras personas. Económicamente, para él no había ningún inconveniente, y una respuesta afirmativa también le proporcionaba un extra físico: Drea.

Era un hombre solitario por naturaleza, pero no era ningún monje. Le gustaban las mujeres y le gustaba el sexo, aunque los consideraba en gran medida como consideraba su propio bienestar físico: algo de lo que podría prescindir si fuera necesario. Normalmente, se mantenía alejado de las mujeres de otros hombres porque la situación podía complicarse y no quería atraer demasiado la atención sobre sí mismo. Pero había algo en Drea que había suscitado su interés desde la primera vez que la había visto.



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