
Allá arriba, Xavier Jackson y Rick Cotton vieron salir al hombre. Lo habían visto entrar y salir ya varias veces antes y, tras una investigación rutinaria, habían sabido que era un inquilino del edificio, por lo que su interés se desvaneció rápidamente.
Capítulo 4
El muy cabrón tenía razón; Rafael volvería antes.
Drea se obligó a salir de la cama; notaba las piernas pesadas y agarrotadas y se sentía muy sensible por dentro. Se tambaleó y se agarró a la cama buscando apoyo, los dientes le castañeteaban por causa del frío que sentía en su interior. El hielo se había congelado en sus venas, era un frío que inundaba todas las células de su cuerpo y la congelaba desde dentro.
Nunca antes había tenido tanto frío, pero no podía permitirse el lujo de acurrucarse bajo las mantas. Tenía que hacer algo para evitar el desastre y la única idea que le venía a la mente era una opción remota. Colocó cuidadosamente las sábanas y las almohadas, a continuación fue a la cocina y cogió un bote de Febreze. Volvió al cuarto y roció las sábanas antes de ajustarlas y poner el edredón de seda en su sitio. Amontonó los cojines decorativos sobre la cama en su orden habitual y, a continuación, roció la habitación y el baño con el ambientador. Quizá sólo eran imaginaciones suyas, pero juraría que allí olía a él.
¿Por qué tenía tanto frío? Sentía el aire helado, pero no tenía tiempo de pararse a ajustar el termostato. Tras devolver el Febreze a la cocina, juntó toda la ropa esparcida y metió las prendas en el baño con ella, donde las tiró descuidadamente al suelo, como solía hacer. Después, abrió el agua de la ducha, hasta que estuvo tan caliente como era capaz de soportar, se metió dentro y se enjabonó con rapidez, eliminando el olor y la pegajosidad. Finalmente, el agua la hizo entrar un poco en calor.
