¡Cuánto hemos perdido, queridos compañeros mamíferos y compañeros mortales! ¡Cuánto hemos destruido a voluntad! ¡Cuánto necesitamos restaurar en nosotros mismos!

El tiempo de poner nombres no ha concluido, amigos. En Su visión, aún podríamos estar viviendo en el sexto día. Como meditación, imaginaos mecidos en ese momento de inmunidad. Estirad los brazos hacia esos ojos amables que os miran con tanta confianza, una confianza que aún no ha sido mancillada por el derramamiento de sangre, la gula, el orgullo y el desdén.

Decid sus Nombres.

Cantemos.


Cuando Adán tuvo

Cuando Adán tuvo aliento de vida en aquel lugar dorado, vivió en paz con pájaros y bestias y vio el rostro del Señor.El Espíritu del Hombre habló, dio nombre a los animales; Dios llamó a todos en hermandad, acudieron sin temor.Retozaron, cantaron, volaron… cada gesto era alabanza a la creatividad de Dios que llenaba aquellos días.Qué encogido y reducido estáde la Creación el germen;pues el Hombre rompió la hermandadcon crimen, vicio y codicia.Oh, criaturas, que aquí sufrís, ¿cómo al amor volveremos? Os nombraremos de corazón y otra vez seréis amigos.

Del Libro Oral de Himnos



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