
Traslada varias babosas y caracoles y arranca unas hierbas, dejando la verdolaga: puede hervirla después. En las delicadas hojas de las zanahorias encuentra dos gusanos de kudzu azul brillante. Aunque desarrollados como forma de control biológico para el kudzu invasivo, parece que prefieren los huertos. En una de esas bromas tan comunes en los primeros años de la ingeniería genética, su diseñador les puso cara de bebé, con ojos grandes y una sonrisa alegre que los hace muy difíciles de matar. Sus mandíbulas están mascando con voracidad bajo esas máscaras de carita mona cuando Toby los saca de las zanahorias, levanta el borde de la red y los echa al otro lado de la valla. No cabe duda de que volverán.
De regreso al edificio, encuentra la cola de un perro detrás del camino, un setter irlandés, parece, con el pelaje largo enmarañado de abrojos y ramitas. Lo habrá arrojado un buitre: siempre están soltando cosas. Trata de no pensar en las otras cosas que soltaban en las primeras semanas después del Diluvio. Lo peor eran los dedos.
Toby se mira las manos. Se le están haciendo más gruesas, rígidas y marrones, como raíces. Ha estado cavando demasiado en la tierra.
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Toby. Día de San Bashir AlouseAño 25
Se baña a primera hora de la mañana, antes de que el sol caliente demasiado. Tiene varios cubos y cuencos en el tejado para recoger el agua de lluvia de la tormenta vespertina: el balneario cuenta con su propio pozo, pero el módulo solar se ha roto, de manera que las bombas son inútiles. Toby también hace la colada en el tejado y cuelga la ropa en los bancos para que se seque. Usa aguas grises para el inodoro.
