
Calle arriba habían levantado una barricada con varios coches. ¿Con qué iban armados los defensores? Por lo que Toby alcanzó a ver usaban trozos de cañería metálica. La gente les gritaba furiosa y les lanzaba ladrillos y piedras: querían pasar, querían huir de la ciudad. ¿Cuál era el objetivo de los que mantenían las barricadas? El saqueo, sin duda. Violación y dinero, y otras cosas inútiles.
Cuando se alcen las aguas secas, decía Adán Uno, la gente tratará de salvarse de morir ahogada. Se agarrarán a un clavo ardiendo. Aseguraos de no ser ese clavo ardiendo, amigos, porque si se os agarran, o sólo con que os toquen, también os ahogaréis.
Toby se alejó de la barricada, tendría que rodearla. Se mantuvo en la oscuridad, agachada detrás del follaje y bordeando el parque. Ya había llegado al espacio abierto donde los Jardineros instalaban sus mercados, y la cabaña donde jugaron los niños. Se escondió detrás de ella, esperando una distracción. Enseguida se produjo un choque y una explosión, y Toby aprovechó que todas las cabezas se volvían para cruzar. Es mejor no correr, le había enseñado Zeb: huir te convierte en una presa.
Las calles laterales estaban atestadas de personas; Toby las esquivó. Llevaba guantes quirúrgicos, chaleco antibalas hecho de seda de un híbrido de araña y cabra que había birlado un año antes de un almacén de AnooYoo, y una mascarilla negra con filtro de aire. Se había llevado una pala y una palanca del cobertizo, y ambas herramientas podían resultar letales si se usaban con decisión. En el bolsillo llevaba una botella de Laca Brillo Total AnooYoo, un arma eficaz si apuntabas a los ojos. Había aprendido muchas cosas de Zeb en las clases de Limitación de Derramamiento de Sangre Urbana: según la opinión de Zeb, el primer derramamiento de sangre que tenías que limitar era el de la tuya.
Se dirigió al noreste, por el elegante Fernside, luego atravesó las extensiones de casas diminutas y mal construidas de Big Box, escabullándose por las calles más estrechas, tenuemente iluminadas y poco pobladas. Varias personas pasaron a su lado abstraídas en sus propias historias. Dos adolescentes hicieron una pausa como para intentar un atraco, pero Toby empezó a toser y dijo con voz ronca: «¡Ayudadme!», y los muchachos se escabulleron.
